lunes, 24 de octubre de 2011

POR FIN LLUEVE. ¡GRACIAS SAN PEDRO!

 Cuando esta mañana me levanté y vi que una cortina de lluvia no me dejaba ver la sierra, aunque os suene a tópico, mi corazón salto de júbilo en el pecho. Ahora lucirá el monte en todo su esplendor, se sujetará la poca bellota que queda en los chaparros y los perros montearán con toda su alegría. ¡Ha llegado la otoñada con toda su gloria y majestad!
Jamás olvidaré un 3 de noviembre del '83: En plena junta de Las Mesas comenzó a llover a "jardas". Don Joaquín Natera, el montero más antiguo de los presentes, llegada la hora del rezo exclamó:
   -¡Niños, hoy nos vamos a mojar con alegría pase lo que pase, y que me perdone la Virgen de la Cabeza y nuestros compañeros desaparecidos, pero hoy vamos a entonar un Te Deum en agradecimiento a Nuestro Señor!
Por supuesto muy pocos supieron seguir aquella acción de gracias, y murmuraron por lo bajo haciendo como se rezaran. ¡¿Que más daba?! Llovía y el agua bendita que caía del cielo era la vida de la sierra tras la sequía mas dura que muchos recordaban.
Aquel día nos cayeron 60 litros solo durante lo que duró la claridad. Se atascaron coches y furgonetas de rehalas y la vuelta fue dantesca, pero todo se dió por bueno. Encima matamos muchas reses. ¡Deo Gratias!





Camino del paso ya llovía... y llovió tanto que hubo que suspender. Montería de Charquitos /Cacholos, en Calañas (Huelva) el 14 de Noviembre del año pasado

lunes, 17 de octubre de 2011

¡MARCHANDO UNA DE LOBOS!

Me cuenta mi amigo Tito, que ayer tuvo una de las impresiones más grandes que se puede tener en la vida de un cazador. Estando de montería, se le pasó un Lobo por delante del puesto. Es más, se paró y se le quedó mirando. Como ocurre en la gran mayoría de los casos, aprovechan la vacilación del cazador que se queda dudando de si lo que tiene ante sí, con el rabo entre las patas, es un perro o qué. Cuando salió de la duda (unos 3 segundos después) y quiso echarle el canuto, despareció entre el monte sin dar tiempo siquiera a meterlo en la cruz. 

El simple hecho de haberlo visto, es una imagen que quedará grabada en su retina para toda la vida. Lo digo por experiencia. La visión de un Lobo libre te marca para los restos.

Yo, hace años, tuve el único encuentro que he tenido en mi dilatada vida montera con un Lobo, y lo recuerdo como si fuera ayer. Sé que no se me olvidará mientras viva, y así lo recordé en un artículo que se publicó en la revista Trofeo de Junio pasado.

En honor a Tito y desde Tierras cordobesas, reproduzco aquel artículo donde narraba aquella profunda experiencia.

Pincha AQUÍ para ver el artículo

viernes, 14 de octubre de 2011

Mi artículo de Octubre en TROFEO

Queridos amigos: Al igual que el mes anterior, tengo el gusto de compartir con vosotros mi artículo correspondiente al nº 497 de este mes de Octubre. En él encontrareis mi sentimiento, en clave de humor, ante el inminente sonido ya de las caracolas que anuncian el comienzo de una nueva temporada.

Compañeros, mucho cuidado en nuestros desplazamientos y ante todo precaución en el monte. Una de las cosas más bonitas de la caza es poder compartir nuestras vivencias, una vez que hemos regresado a casa, con nuestra familia y con el resto de amigos cazadores.

Que San Huberto y la Virgen de la cabeza guíen nuestros pasos en esta nueva temporada montera que ahora empieza, y que para muchos de nosotros es pasión.

Pincha AQUÍ y accederás al artículo de TROFEO. Que lo disfrutéis
Un abrazo y buena caza.

martes, 11 de octubre de 2011

Mr. Wilson, Campero, y la manera de expresarse

Estimados Campero y Mr. Wilson (y de paso al resto de visitantes):
He de confesar que al principio me alarmé un poco, aunque ahora me congratulo de que ambos os entendáis (como no podía ser de otra forma).
No obstante quiero aprovechar la ocasión para posicionarme en esta cuestión semántica y para ello citaré a mi buen amigo y espejo de las letras venatorias que es Mariano Aguayo. Nos dice en Trofeo de Agosto de 2.011:

“.....Un día, hace ya muchos años, me desconcertó oír decir a un periodista del sector de la caza que no convenía decir matar por no resultar políticamente correcto. Era preferible el verbo abatir, más tolerable para la sensibilidad de la gente. Bueno
Y es que las cosas iban evolucionando. Cada vez había que esconder más nuestra afición o justificarla como higiénica para el medio. Y los cazadores picamos, camuflándonos en lo posible y ostentando a voz en grito nuestra condición de ecologistas. Acabamos con la boca llena de conservación y, ya en pleno orgasmo ecológico, de sostenibilidad, palabra panacea universal para todos los males de la madre tierra. Y, mientras nos humillábamos, olvidábamos aquel viejo refrán que dice que mientras más te agachas más se te ve... bueno, eso” (sic. Magister dixit). 

No puedo estar más de acuerdo.

A Mr Wilson le diría que tengo la esperanza de que entienda en toda su extensión este castellano perfecto, casi poético, aun en defensa propia. A ti, querido Campero, que si los que levantaron la caza tal y como la conoces, y con su “matar bichos” y su proceder, consiguieron que lo poco que nos ha llegado incólume fuera gracias a ellos, que seas un poco más tolerante con el lenguaje de los demás, que no con sus procederes cuando mal obraren.

A mayor abundamiento invitaría a que leyeran el articulo que otro maestro escribiendo, Antonio Pérez Henares, publicó en Trofeo de Julio 2011 con el título “Aviso que no tengo ya un pase”: Entre otras cosas nos dice en la entradilla de su sección “A la guerra galana”:

“...Es bien cierto que con los cazadores la gente suele tener muy poca educación... basta que se descubra nuestra afición para que el mal educado de turno comience una perorata ofensiva y nos recrimine lo que para él supone un comportamiento deleznable” (sic). 

Pues bien, yo tampoco tengo un solo pase más... pero desde hace mucho tiempo y, a veces, así me luce el pelo, más no por eso voy a dejar de hablar claro.
¿A cuento de qué saco a barrer estos temas? Si nosotros, que al fin y a la postre comulgamos del mismo pan, andamos a la gresca por un quítame allá esas pajas, tendremos justo lo que merecemos.

Te recuerdo, amigo campero, y lo hago con el mejor ánimo constructivo, que la frase motivo de este pequeño rifi-rafe, y que yo escribí en la anterior entrada fue: ”Al poco un orejón se deja asesinar al borde del carril”. Pues es una manera de hablar para expresar que lo tiré fácil matándolo antes de que se volviera, y adiós muy buenas. Si digo abatí, cobré o... cacé fácilmente, en modo alguno transmitiría la VERDAD del momento; y lo hice en “román paladino” (con el cual suele el pueblo hablar con su vecino, tal y como expresó Gonzalo de Berceo allá por 1.230), simplemente porque aquello fue un fusilamiento... alegórico si lo prefieres. ¡Caray, Campero, que son metáforas, cagonsatanas!

Y para terminar voy a escribir algo políticamente incorrecto, pero es que si no reviento: De entre todos los posibles lances que nos depara la montería (sí, Campero, ya sé que lo tuyo es la caza menuda) lo que me vuelve loco es el remate a cuchillo. Y si me sube la sangre hasta el codo y me tengo que lavar la cara con vino a falta de agua para quitarme cerdas y rúmen, pues mejor que mejor. Así, revuelto entre perros valientes y con el marrano bien muertecito tras revolverle el cuchillo clavado hasta la cruceta, sucio como cuando nací, así... Así me gustaría morir a mí.


Sangre y muerte. Téminos implícitos a esta actividad felicitaria. No nos andemos con eufemismos. 

viernes, 7 de octubre de 2011

¡QUÉ VERANITO, DIOS MÍO!

           La corrección y maquetación de un libro bien gordo; la completa “creación” de otro (que os regalará Trofeo en noviembre o diciembre), el parto del equivalente a diez artículos, etc, etc, etc... y menos mal que me ha ayudado en todo el amigo Miguel Ángel Búa (y que me colgará esta entrada porque todavía estoy terminando el último)... ¡y solo tres días de cacería! Hacedme caso, compañeros, no caigáis en la trampa y salid al campo so pena de que se os cierre el tarro de las ideas y el estrés os ponga de una mala leche de... en fin, mejor me callo. ¡Qué veranito, compañeros!

Primer día de cacería: En Nueva Carteya, de aguardo a los conejos por la tarde con Miguel Ángel Vara, mi compañero de menor. Al ir a ponernos, parvas de orejones que se ven de lejos y que se van escamotando conforme nos acercamos. "¡No pasa na, coño, ya volverán!" Una vez puestos, más conejetes que se mueven como si llevaran un cohete en el culo. ¿Cargamos el aire? Pues no. Al rato entra uno por dirección prohibida y lo mato. ¡Venga, que esto “entoabía” se arregla! Va llegando el lubricán, y con él la hora buena, cuando... un abuelete del pueblo se nos pone al lado mandando a tomar por... bueno, por donde amarga el pepino, el resto de la tarde. ¡Joer, con lo grande que es el campo! ¿Que no se dio cuenta el hombre? Pero si hasta nos saludó al llegar. Tiró cuatro “cuniculum”, mató 3 y se puso a buscarlos cuando faltaba media hora de luz, metiendo más jaleo que un burro en una cacharrería. Luego se marchó sin despedirse, claro. ¡Si es que hay gente pa tó! Hasta septuagenarios pasotas en los pueblos donde antes solo había respeto

Segundo día de cacería: Volvemos de aguardo porque estoy remolío. Dice Mr Vara que vamos en plan cómodo, a un sitio donde hay conejos a “jierro”. To la tarde a la fresca de los 35º cordobeses y no vemos un jopo... ni cuando nos vamos en el coche, que siempre vemos un webo. ¿Se habrán muerto? ¡Y un cuerno!: A la semana siguiente vuelve mi compañero con su perra Reina (ya han abierto la puerta a los canes) y se divierte cantidubi. Sin comentarios. ¡¿Se me habrá pegao algo de nuestro amigo el montero gafe?!


Tercer día de cacería: Esta vez le echo narices y vamos a patear terrones entre los olivos. No es que sea más perro de Veguitas, es que tengo las dos rodillas pal arrastre. Al poco un orejón se deja asesinar al borde del carril (¡Vaya, pues me he quitado el bolo!). Miguel Ángel falla uno donde Cristo perdió la estilográfica (aclaro que solo se puede llevar una escopeta y nos vamos turnando). Pasa un rato y Reina hace la primera faena de orejas y rabo: Se queda puesta en una brazada de ramón, del que luego se quema en invierno, pero el inquilino se niega a botar. Le digo a mi compañero que le arree una patada, y el muy animal levanta en vilo el jato. Salta el conejo como un obús y... ¡pum, pum! le descerrajo dos taponazos; el segundo tapado ya. ¿Pa que le repites si lo habías dejao frito? Me dice mi compa. ¡Y yo que sé, que desde tu sitio lo verías muy bien, pero desde el mío...! le digo más contento que unas pascuas. Ya de retirada ve el colega un conejo parado en un plantón nuevo. Esperamos a que la perra llegue... pero no aguanta, salta para abajo como un avión (¿estarán tirados estos animalitos?) y lo deja frito. ¡Me vuelve a tocar! Casi llegando al coche reina me para otro “mushasho” y se lo mato mu bien matao. ¡Morgan, que yo no estoy acostumbrado a tirarlos así de fáciles, aunque salgan a porta gayola!, le digo. Trae pa ca esa perra que me la como a besos, añado. No, que eres mu bestia y eres capaz.., me respondo. Al final una foto que os dejo para que la veáis. ¡Gran día, de verdad!



Quedaba un cuarto día de tiros, en Obejo, en plan de divertirnos con las codornices sembradas y que disfrutara la perra. Íbamos a ir cuatro, pero a mí el deber me llamó, y me tuve que ir a enseñar a medir cuernos a Ibercaza Jaén. ¿Que como se les dio? Pues miren la foto del colega. “Mardita” sea mi suerte; menos mal que ya mismo nos liamos con las reses y los zorzaletes, que es lo que me gusta más que mojar sopas.

Saludos compañeros.