Manuel Mialdea Lozano
Bienvenido a mi Blog. Un pequeño espacio donde compartir nuestra común afición a la caza y al campo. Gracias por visitarme

sábado, 16 de junio de 2018

Un venado que dejamos pasar y otro tirado muy lejos


Hola de nuevo, amigos de mi blog:

En estos tiempos tal ajetreados para mí por la vorágine que ha supuesto la publicación de mi tercer libro, quiero abrir otro paréntesis para dedicaros este artículo - o capítulo - que se publicó en FEDERCAZA en mayo pasado. En mi linea de siempre, solo quiero que os divirtáis leyéndolo.

Advertiros que primero, como suelo, os presentaré el tema tal y como se publicó en la revista, y al final, por si no se lee lo suficientemente bien, añadiré el texto tal y como lo escribí.

Recibid mi mejor abrazo e id acumulando suerte con los corzos y atesorando apuntaderas ante la ya próxima media veda.

Lolo Mialdea






Capítulo 107

Las Alcornocosas. 12-10-2001

Al menos a mí me ocurre que llega un momento en que me harto hasta de los mejores y más bonitos pasos.

Los amigos me dicen que estoy zumbao, que así lo único que consigo es cobrar menos reses y que el novato que ocupe el puesto que yo ya me sabía al dedillo no consiga sacarle todo el jugo, y así muchas cosas más, todas verdaderas. Pero qué le vamos a hacer. Uno tiene algo de autoexigente, de explorador de rincones en el microcosmos de una mancha. Soy inquieto y me gusta buscar nuevos retos. Un culillo de mal asiento, decimos por aquí.

La noche de antes estábamos confeccionando las listas de armadas, sentados a la inmensa mesa del salón de Las Alcornocosas, Horacio, su primo Antonio, Rafa Ruda y un servidor de ustedes, y aunque yo estaba algo restringido a la hora de elegir otro paso diferente al mío del pantanillo por ser postor de los 4 primeros pasos de la armada del Barranco de la Mula, no era menos cierto que al conocer todos los puestos de la finca, dentro de un orden, podía quedarse vacío cualquiera de traviesa que ya me pondría yo solito tras poner a los míos.

Fuimos designando los monteros que ocuparían los pasos de cierre, que en Alcornocosas no significa, para nada, que sean los peores, y a medida que se acercaba mí armada en el orden lógico de salida, más me ratificaba, para mis adentros, en la decisión de cambiar de aires. De momento permanecí calladito por no alterar la concentración que exigen estos momentos, sobre todo para el dueño, Horacio, y esperé a soltar la bomba a que llegara el turno de designar los monteros que yo tendría que colocar al día siguiente. Cuando el jefe iba a escribir mi nombre en la casilla correspondiente al Nº 4 le dije:

-Quieto parao, Horacio, deja ese para algún compromiso, que a mí me apetece cambiar de aires.

-Ya salió el Indiana Jones que llevas dentro. Pero no te puedes estar quietecito y no dar por culo. Bueno, pues como quieras, pero tienes que colocar a los tuyos y luego te vas a donde te dé la gana de los que todavía no están asignados. ¿Sera posible?, es que eres capaz de irte al córner, como el otro año, con tal de andar por ahí bureando. A ver, ¿dónde coño te quieres poner?, soltó Horacio con ese carácter fuerte tan suyo.

-Pues con el 8 o el 9 de La Mula me conformo. El caso es cambiar. Además así tengo a mi gente tan a la mano como si me quedare en el pantano, le contesté.

- Contra, pues para ese viaje no necesitábamos alforjas. ¿Te quedas en el 8? Es que el 9 se lo prometí a Joaquín Cabezas. 

- Pues claro, y ahora vamos a seguir, que luego vienen las cábalas de última hora y nos van a dar las uvas, dije satisfecho.

-Mira el que habla, pero si has sido tú el cabrón que nos ha cortado el ritmo, dijo Antonio amagándome un capón, y todos rieron la ocurrencia con gran algarabía porque alrededor del sanedrín pululaban todos los chavales y alguna de nuestras señoras.

Lo que no había dicho a nadie excepto a Batito, que como siempre nos acompañaría a Manuel y a mí, era que lo que iba buscando era un agarre mejor para los cochinos, pues no tienen ajuste en el balcón del pantanillo. Le guiñé un ojo a Alvarito y retomé el bolígrafo rememorando las vistas que al día siguiente disfrutaríamos de La Solana de las Amoladeras y el horcajo que tendríamos a los mismos pies. Pero el hombre propone y Dios dispone, como ya veremos.

Luego, tras cenar opíparamente unos chuletones de buey de Ávila que nos habíamos agenciado y que rondarían el kilo por unidad, nos sentamos alrededor del fuego de la chimenea aunque no hacia frio dado lo temprana de la época, y allí pasamos uno de esos ratos inolvidables de tertulia entre buenos amigos. Rafael, el guarda, y Curro Valle, también antiguo guarda de la finca y que ahora paraba en El Pedrocheño, se nos unieron en torno a las copas de rigor. 

¡Qué privilegio poder participar en este tipo de reuniones! ¡Y yo las venía viviendo similares desde que mi tío Andrés compró Las Mesas hacía la intemerata de años! A Dios doy gracias por haberme hecho tal regalo solo comparable al ambiente que se forma por la noche durante la temporada del pájaro.

La mañana siguiente amaneció luminosa y tibia, pero como el puesto estaba en umbría, les dije a los chavales que se abrigaran y que no echaran los catrecillos porque allí el terreno está muy inclinado.

Tras desayunar, repartir las tarjetas y dar las oportunas instrucciones - aquel día solo se podían tirar venados, o muy chicos o con palma, ¡Aleluya!, cochinos aparte - fueron saliendo las armadas a su debido orden. 

Como la mía era de las primeras, monté en la pick-up todo lo necesario y me fui a poner mis 4 pasos y luego me salí al cruce de los carriles en el raso de Los Espejitos para entrar al pasar los coches de mi traviesa. Por descontado, todo esto ya estaba más que hablado con el postor, por lo que me puse el último de la fila y al llegar a mi numero aparté el coche lo mejor que pude.

Nos resubimos hasta donde pendía la tablilla, ni más ni menos, pues estaba perfectamente situada, y nos sentamos en el suelo lo mejor que pudimos. Yo extendí los zahones y los nenes se sentaron sobre los zurrones previamente vaciados y… a esperar acontecimientos.

Cuando comenzaron a moverse las camionetas de las rehalas, con la clásica algarabía de ladridos y riñas, empezaron a moverse las reses y a incrementarse los tiros que se oían por doquier desde el principio, y como 6 ojos ven muchísimo, mientras yo estaba pendiente del panderón de jaras que teníamos enfrente, va y salta Batito:

-¡El venao para abajo, allí!, y me lo señaló extendiendo el brazo.

En efecto, un venado se descolgaba por el extremo derecho de mi tiradero, y a primera vista no supe apreciar el tamaño de la cuerna por lo que, para no perder tiempo alguno apreciándolo con los prismáticos, puse el visor a 9 aumentos y lo metí en la retícula. Como se suele decir no era ni grande ni chico, sino todo lo contrario, y aunque tenía palma de 4 puntas no lo juzgue lo suficientemente grande para tirarlo y lo dejé viajar a su albur, pero, tras tapársenos debió doblar su viaje porque al momento sonó un tiro de mi vecino del 7.

-Seré tonto. Siempre me pasa lo mismo: O me paso o me quedo corto, exclamé frustrado.

Mientras yo me lamentaba mi hijo me da un codazo y dice:

-¡Papa, otro venao!

-¿Pero dónde, chiquillo?, le pregunté perentorio.

-Allí arriba del todo, y ahora si me lo señalo con el brazo.

Ni a echarme el rifle a la cara me dio tiempo porque se tapó de inmediato, y el caso es que por los pasos que llevaba debió cruzar el único clarete medio decente que teníamos frontero mientras yo tonteaba quejándome del otro bicho. Si lo veo a tiempo lo hubiera tirado a pesar de estar en Casa Dios, ya que era una autentica y genuina cabrilla. ¡Pues nada, a crecer, amigo mío, si no te matan antes!, le dije como si me pudiera oír.

A pesar de todo, los ánimos no decayeron ni un ápice, pues estaban por batir todas aquellas solanas y yo no perdía de vista mi objetivo inicial: Los marranos, pero para que nos dieran cara las rehalas aún faltaba un buen rato.

Donde sí se había montado la zapatiesta era por la umbría de La Mula, ya que como las jaurías soltaron arriba de La Longaniza, loma que teníamos a la espalda, enseguida dieron con las cervunas y a los pocos minutos ya había perros repartidos por todos lados, organizándose un zafarrancho de ladras que nos tuvo en vilo media montería. Muchas fueron las ciervas que nos cumplieron por detrás con el consiguiente sobresalto al no verlas hasta tenerlas encima y poder ser res de tiro cualquiera de aquellos arrollones. Tuve que abrir la botella de tinto y darle un par de largos buches para que mi corazón recuperara su ritmo normal, bueno, más o menos, porque no creo que en ningún momento bajara de las 90 pulsaciones.

A eso de las 13.30 ya sentí las voces de los perreros asomando por Las Amoladeras y me extrañé, no poco, de no haber visto perros adelantados. Aquello solo podía significar una cosa: ¡La solana de mis esperanzas estaba más tiesa que la varilla de un cohete!, cosa que se confirmó a ver ya las rehalas como rebaños de ovejas, pegados los perros a los zahones de los perreros por más que fueran excelentes recovas y los perreros animaran a sus canes a batir el monte en condiciones a base de las típicas voces de ánimo que se dan cuando tal se busca.

El caso es que, como con toda la razón los monteros jamás perdemos las esperanzas, y que todo lo que faltaba enfrente sobraba en los frescores de la umbría de atrás, nunca dejé de estar más que pendiente de cualquier bicho que se moviera. Quizás por eso…

-Niños, mirad, el venao bueno. Un poco por debajo del que vio Manuel. Está parado entre el monte, los puse sobre aviso.

-No lo veo, dijeron los dos al unisonó.

-A ver si se menea, que tiene que dar la cara porque viene vuelto de los perros. De todas maneras como lo claree lo más mínimo lo tiro, de modo que estad atentos a donde os digo.

Con las mismas me eché el checo a la cara y apunté a donde sabía que andaba el bicho y lo vi al momento, casi tapado por el jaral pero con la cabeza bien visible.

Esperé en vano a que se destapara aunque fuera un poco, mas todo lo que aprecié fue que el venado estaba con la mosca detrás de la oreja y en cualquier momento podía pegar el tornillazo y si te vi no me acuerdo, de modo que tomé la decisión de tirarlo tal y como estaba.

-Atentos, chavales, que lo voy a tirar, les advertí.

Me apontoqué con firmeza, apoyé los codos en las rodillas tal y como me gusta hacer, monté el pelo y le busqué el codillo entre las jaras. ¡Demonios, se me mueve la cruz como si fuera una veleta!, noté, y corriendo el riesgo de que se volviera me tomé el tiempo necesario para encender un cigarro, darle un par de caladas, respirar hondo y volver a tomar puntería. Aunque la cruceta no dejaba de moverse por tener los 9 aumentos calados al estar el venado a unos 200 m, puse el dedo en el gatillo y dejé que me sorprendiera el tiro: El efecto fue fulminante y el venado se desplomó sin mover siquiera el monte. ¡Dios mío, como mata el .270 cuando se tira largo! De cerca los cose, pero como estén lejos…

-¿Lo habéis visto caer?, pregunté.

-Yo no he visto nada, me respondió Batito.

-¿Y tú, Manuel?, le inquirí porque lo vi mirando muy fijo al pecho donde había tirado.

-No lo he visto. Pero si he visto una cosa muy rara, me dijo encogiéndose de hombros.

-¿Qué cosa rara?

-Pues como una nubecilla de polvo, pero lo raro es que no ha salido del suelo sino de las matas que hay por debajo de los arbolitos aquellos, contestó. El chavalín no reconocía a esa distancia la clase de árbol que estaba viendo.

-Pues ahí está el venado y lo que has visto es porque a veces, al entrarle la bala, le salta polvo y pelo, y si hace mucho frio incluso vapor, pero es raro que lo hayas visto en un cervuno y tan lejos. ¿Sabéis qué? En los cochinos es frecuentísimo, porque si se han revolcado en una baña se les seca el barro en las cerdas y el balazo forma a veces un auténtico polverío, les conté para que fueran aprendiendo cosillas. Os contaré una anécdota:

-Estábamos echando un manchón a conejos en Las Mesas hace muchos años, cuando de improviso levantaron los perros toda una piara de marranos que, algo raro, se desperdigaron. A mí me entró un navajerillo a cosa de veinte metros y a todo correr. Como es lógico no me dio tiempo a cambiar munición por balas, aunque siempre llevaba 5 en la canana, he hice algo que ahora no haría. Le pegué 3 tiros de perdigón del 6, y a cada castañazo le saltaban del escudo unas nubes de polvo increíbles. Por supuesto se fue tal y como llegó, pero, y por eso digo que ahora no lo tiraría, ¿Y si lo dejo tuerto? Recordad: ¡Con munición y a las reses solo si se les ve el blanco de los ojos!

-¿Cómo que el blanco de los ojos?, pregunto Álvaro que no entendió la expresión.

-Que las tengas tan cerca que hasta se lo veas, hombre. Vamos, a no más de diez pasos según mi experiencia. Más lejos es gana de desgraciar un bicho para nada.

A muchos les parecerá una chorrada, pero a mí me gusta mucho contarles batallitas a los chavales. ¿Qué manera hay mejor para que aprendan?

Pero volvamos a la montería que nos ocupa.

Por increíble que me pareciera no volvimos a ver ni una res más, solo ciervas, y eso que los perros volvieron a echar todo de segundas pues se monteaba al tope y volver, y cuando ya sentí las caracolas le dije a Batito:

-Te toca, hombretón. Toma la tablilla y a gatear, que yo te iré guiando desde aquí. Coge la bolsa amarilla de los bocatas y márcalo bien a la vista, aunque te tengas que separar un poco del venado.

A pesar de lo lejos, empinado y enmontado que estaba el bicho, se plantó en el lugar de autos en un santiamén - ¡Lo que es la edad! - y marcó más que convenientemente la res.

El venado resulto digno de estar aquí, en casa, y con eso está dicho casi todo. Curiosamente no tiene las dos palmas - solo 3 y 4 puntas por corona - pero tiene unos candiles tan largos, uno con dos puntas, y situados tan altos en la vara, que cualquiera que lo viera en el campo juraría y perjuraría que lucía dos hermosísimas coronas. Con todo, Horacio se emperró en que no cumplía la norma, pero yo le contesté:

-¡Tírate de la moto!

viernes, 8 de junio de 2018

¡A LA SEGUNDA FUE LA VENCIDA! Por fin una presentación dignísima.




¡¡Por fin, el pasado 31 de mayo presentamos mi libro de manera espléndida... y sin tener que recurrir al servicio de bomberos para que echara una mano y nos ayudara a salir de Coso de Los Califas!! ¡Ni una gota cayó!

Fue espléndida por el patrocinio de ADEVIDA; por el marco incomparable del salón de Los Sentidos del Real Circulo de la amistad, por la calidad humana y profesional de presentador, Fernando García Echegoyen; por el cariño con que habló Anabel; por mi hermano y mi hija, allí conmigo; por el increíble nivel de los amigos monteros que quisieron acompañar a "Desde el 2 de Los Caserones" y a este, su modesto autor, a dar un paso mas en la historia de la literatura cinegética española.....y también fue esplendida la copa que nos tomamos en el extraordinario patio del Círculo en animada charla y buena compaña.

 Que a mis años haya merecido dos cuadros, uno de mi hijo y otro de Manolo Ruiz Maya, es increíble


Queridos compañeros: ¡Os puedo asegurar que con los allí presentes y los perros de los muchos rehaleros concurrentes, podríamos haber batido, con toda garantía, una mancha de regulares proporciones!

Si digo que fui feliz y me sentí orgulloso, me quedo corto. Para dejar recuerdo del acto, como nos ha sucedido en numerosas monterías, algunas en mis propios puestos, estuvo Juande Bonilla con su cámara. Ved sin miedo el rato de filmación pues el montaje es antológico y mezcla lo sucedido formalmente ese día con divertidos lances de montería.
Sin dilación os dejó la grabación y espero que os guste.



                    Más que nunca, recibid todos mi más cariñoso abrazo.

                                                         Lolo Mialdea

                                       





sábado, 2 de junio de 2018

Un venado chicuelo en un lande difícil


Amigos de mi Blog:

Poco a poco, pues aún quedan un par de acontecimientos que no podré soslayar, vamos a ir regresando a lo que siempre ha sido El Blog de Lolo Mialdea: Un sitio donde divertirse leyendo relatos de caza o emitiendo opiniones más o menos discutibles....¡Pero siempre sobre la CAZA!

En esta ocasión os dejo lo que en el mes de mayo pasado me publicó la revista CAZA MAYOR. Pero tengo que explicarme muy rápidamente sobre un par de cuestiones:

En primer lugar he de decir que hace unos 4 meses, cuando mi amigo José María García, director del tema caza en el GRUPO V, leyó mi libro, me pidió que le mandara 4 capítulos a boleo para publicarlos. Como el libro tiene 118 no me pareció mala idea y se los envié. Eso significa que a vuestros efectos no son otra cosa que uno más de tantos artículos míos que habéis leído, pero que realmente no lo son, si no parte de cuerpo de "Desde el 2 de Los Caserones".

Por último advertiros que colgaré el texto en dos formatos: Primero tal y como se publicó en la revista, con sus fotos y demás maquetación, pero como a algunos les puede resultar complicado leer ahí dado el tamaño máximo que le puedo dar a las páginas en el blog, sobre todo a los que solo utilizáis el móvil para acceder, al final añadiré el texto negro sobre blanco, no como está en el libro, pero sí muy parecido. Sé que se me sale de márgenes pero veréis, se me da mejor el rifle y escribir que la maldita informática. ¡Menos da una piedra! Obviamente os recomiendo la primera opción, pero os doy las dos.

Y dicho esto vamos al lío.

Recibid un cordial abrazo de vuestro compañero Lolo Mialdea




Capítulo 40

La Aljabara de Spínola. 17-12-1988

Por aquellos días yo trabajaba en Marbella, y como a mi jefe, P. P., también le gustaba montear, que lo invitábamos desde el principio a Las Mesas, por pura lógica me lo llevé al paso. 

De los muchos años en que he monteado La Aljabara, me tocó el mejor puesto de mi vida sobre el papel: El 4 de los Azores. El caso es que entre que monteaba menos por mi trabajo y las altísimas posibilidades de tirar 6 u 8 venados, estaba nervioso desde que supe a donde iba a parar, y eso que permitiría tirar a P. en primer lugar.

Recuerdo que Migue Prieto, en la junta, me dijo:

-El año pasado el que estuvo ahí tiró 12 venados y solo cobró 4. Lo sé porque yo estaba a su lado, y de los 7 que cobré, 4 fueron pantalones al compañero. ¡De esos quiero yo muchos a mi lado!

Se me vienen a la cabeza, aunque sea salirme del guion y quizás hubieran merecido capitulitos aparte, lo que nos pasó en La Nava el 23 de Octubre, pero como tantos otros no lo consideré de demasiada enjundia en un principio, pero como no soy un río, me vuelvo atrás: 

Nos entró un venado por los llanos de La Loma y lo tiró P. Anduvo unos pasos y luego cayó. Un tiro de corazón, pensé. Sin embargo, cuando fui a marcarlo al cabo de un par de horas, se me levantó y lo tuve que rematar al estilo conejero, al sartenazo. Tenía un tiro de barriga, y resultó incomprensible su proceder y lo que duró vivo. He aquí otro ejemplo de las ventajas, obligación diría, de llevar siempre el rifle colgando del hombro.

Hablando de P., contaré una anécdota - más bien una pesada broma - que le gastaron en Las Mesas cuando ni siquiera era novio:

Apenas sería la segunda o tercera montería de su vida y lo habíamos colocado en el paso de por debajo de la Vegeta de Gato, ya en el río.

A su lado tenía a un veteranísimo Pepín Molina, a la sazón arrendatario de la lindera Porrá, y por tanto conocedor de que Josefo, el dueño de la finca, tenía numerosísimos cochinos caseros a la montanera. Por supuesto nosotros habíamos avisado de la celebración de nuestra montería a todos los linderos para que retiraran el ganado casero y que los perros no mataran algún bicho, entre otros a Pepín, de modo que cuando le entró toda una piara de cochinos ibéricos puros, urdió la siguiente chanza:

Primero les dio careo hacia el puesto de P., y cuando ya los tenía encaminados. Les soltó un par de tiros de rifle a sus espaldas para que le entraran ligueritos, a la vez que le gritaba:

-¡Los cochinos, P., los cochinos. Ahí los llevas derechos!

Nuestro protagonista les quemó las cinco balas de la repetidora que llevaba y afortunadamente no les rozó un pelo a pesar de que le entraron a huevo.

La que le liaron al pobre en la casa cuando Pepe contó lo que había pasado, es de las que hacen época. El puñetero decía:

-¡Pero si le entraron gruñendo y to!

Basta imaginarlo para partirse de risa.

Pero volvamos a La Aljabara y regresemos a la situación de ansiedad que me producía tan buen paso y que le había trasmitido a Paco.

Lo cierto es que el temporal quedó en aguacero, y aunque el puesto cumplió, no colmó nuestras expectativas ni con mucho.

Cuando lo normal era que empezáramos a pegar tiros nada más ponernos, sobre todo a los venados que espantaran las traviesas que se ponen en los llanos que teníamos a las espaldas y que buscaran refugio en la mancha grande, sucedió que pasó el rato, llegó la suelta y solo después de un rato avisó Isa:

-Ahí viene un venao de soniche, de cara, entre los matagallos.

-Ya lo veo. P., tíralo cuando se te tercie, que está parado decidiendo hacia donde rompe. O se faldea en la lomilla de enfrente o entra franco al limpio y en los dos casos lo vas a tirar bien, que el aire lo tenemos bueno, le expliqué a mi jefe.

Optó el bicho por la primera operación y fue lo peor que hizo, pues creyéndose protegido por el monte entró andandito, y cuando estuvo a unos 50 metros, le susurré a Paco:

-Cuando quieras y apunta tranquilo.

Lo mató fenomenalmente de un tiro de paletas.

-Debuten, Morgan, Bien tirado, le felicité. 

Hay que entender que eran muy poquitas las reses que llevaba cobradas en su vida.

-¡Gracias!, qué alivio, contestó.

Su entonces novia, MR, se emocionó una barbaridad y no paraba de soltarle piropos.

-Venga, se acabó la fiesta, que es el momento propicio. Ahora quietecitos y silencio, los amonesté riendo. 

Fue pasando el tiempo y allí no entraban más que ciervas, mientras a nuestro alrededor sonaban tiros a mansalva, y es que cuando es que no, es que no. Solo al final…

Estábamos guardando ya lo más superfluo cuando entró otro venado a toda castaña y por la izquierda del primero. Tengo para mí que el animal llegó tranquilo, y que cuando quiso darse cuenta estaba viéndonos y arrancó a correr sin que nosotros nos hubiéramos ni enterado. El caso es que se iba volando.

-¡Tira, tira, P.!, lo apremié mientras yo también me preparaba, pero esperó demasiado y cuando lo hizo, ya de culo, lo falló, y a mí no me dio tiempo a secundarlo, pero…, si me rebajaba un poquillo como para ver un regajo bastante limpio que estaba al fondo del tiradero, a lo mejor lo podía ver. Dicho y hecho.

Apunté al claro aquel y esperé por si daba la cara, y de pronto saltó el carril por lo más angosto y algo más cerca de lo que lo esperaba. Le corregí como pude y le dejé ir un balazo que lo dejó fulminado.

-Ozú, exclamé incrédulo. Había sido un tiro muy bueno, medio de potra.

-¿Pero ha caído?, me preguntó Isa extrañada.

-Vaya que sí, lo que pasa es que se ha quedado tapado para vosotros. Y es que yo apenas me había movido unos 3 metros, lo justo para haberlo podido tirar.

Bajaron entonces y ya lo vieron, y Paco dijo sincero:

-Lolo, si no lo veo no lo creo

Diré para terminar que el venado era chicuelo, pero la dificultad del lance, lo bueno del tiro y lo bien que jugué mis cartas, hacen que no se me olvide aquel momento. Francamente, uno de los mejores tiros de mi vida, y no soy nada dado a auto complacerme.

Y es que has de saber moverte en el puesto - mejorarte, se le ha llamado toda la vida - sin ponerte ni poner a nadie en peligro. Es fundamental en grado sumo, hasta tal punto de que solo dos pasos te harán matar mucha cacería, pero no es algo que se pueda explicar, pues solo lo da la experiencia y el conocimiento de las corridas y tendencias de las reses en función de muchas variables, y no pienso meterme en semejante berenjenal, pues podría terminar liado hasta yo, más ojo, esto nada tiene que ver con moverse del paso. Como aquel que dice, es como no salir de la sombra de un chaparro

PD: Un mes más tarde y en el manchón de la misma finca, me picó una bala sin que se disparara cuando tenía un cochino para asesinarlo. Fue la única vez en mi vida que tal cosa me ha pasado. Encasquillarse o romperse el rifle sí, pero picarme la bala…nunca, y eso que era una RWS.

PD2: Como ahora estoy repasando lo escrito, he de añadir que en dos mil diecimuchos, me volvió a pasar con el FN en Cámaras Altas, y que me costó volver un venado al recargar y que luego no fuese capaz de matarlo, y era una Winchester Supreme, que eso no se olvida. Ahí está mi amigo Félix Sánchez que puede dar fe de ello.

viernes, 25 de mayo de 2018

Mi entrevista en el programa de radio "El morral del cazador"




Amigos de mi blog, y quizás a partir de ahora, amigos morraleros.
En todos estos años muy posiblemente va a ser la entrada mas fácil para mí pues se trata de la entrevista que se emitió esta mañana en la emisión de radio "El morral del Cazador". He de decir, o faltaría a la verdad, que de no haber sido por la profesionalidad y pasión cinegética de Francisco Javier Pérez, director del programa, las cosas no hubieran salido tan bien. Consiguió hacerme sentir a gusto, y en mi caso eso es muy difícil cuando de hablar se trata. 
Dicho esto, tomároslo con calma. Es larga porque abordamos casi todos los palos posibles, pero os aseguro que también es muy amena.
Muchas gracias, Javier, y gracias a morraleros y amigos que nos seguís.

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Lolo Mialdea

viernes, 18 de mayo de 2018

¡Estáis invitados!


Hola, amigos de mi Blog:

Aunque sé perfectamente que a la inmensa mayoría de vosotros os será imposible acudir, no puedo por menos que hacer público aquí el acto que nos ocupa e invitaros formalmente a acudir.



Algunos diréis, no sin cierta razón, que ya está bien de gaitas de libros y que volvamos a mi línea habitual, pero en esta ocasión tengo que hacer una muy corta exposición de motivos.

La presentación, organizada por Adevida en el seno de su mercadillo anual, se produjo en el Coso de Los Califas de Córdoba el DÍA QUE MÁS HA LLOVIDO DE ESTE AÑO. Consecuentemente, ante la posibilidad de "perecer ahogados" o trincar una gripe de todos los diablos, fueron sólo unos veinte los amigos y lectores que acudieron. Yo hubiera, probablemente, hecho lo mismo, y de hecho, casi lo suspendemos.

Pero es el hecho que quien tiene clase la tiene y aquí se acabó lo que se daba. Sobre la marcha, y en aquel tormentoso día, la directiva de Adevida me prometía que algo haríamos para desfacer el entuerto, pues yo no me arrugué,  y ésta es la consecuencia.

Por lo demás os dejó el cartel confeccionado y, repito, os INVITAMOS A TODOS A ACUDIR.
En el nombre del Real Círculo de la Amistad de Córdoba , en el de ADEVIDA y en el mío propio, gracias a todos,

Lolo Mialdea.

martes, 15 de mayo de 2018

Una Primera Comunión muy montera





Amigos de mi Blog:
Hoy os quiero mostrar algo que, por lo inusual, estoy seguro de que os gustará. Además lo hago por muchos motivos, el principal de los cuales es que la protagonista es mi sobrina Ana Sánchez Mialdea, rusa de nacimiento, pero futura montera por los cuatro costados dado quiénes son sus padres, mis primos Rafa Sánchez Calero y mi prima carnal - que incluso comparte mis apellidos, Anabel Mialdea Lozano. Para colmo se celebró en Las Mesas, mis queridísimas Mesas, nuestro particular altar serrano.


Estuvimos rodeados de amigos, familiares y monteros, muchos de ellos, re recia raigambre. Hasta el cura oficiante, D. Bernardo López, familia de la comulgante, es el párroco de pueblos tales como Villanueva de Córdoba, Cardeña o La Venta del Charco. ¡¡Ahí queda eso!!


Uno no puede imaginarse una primera comunión mas campera: Hubo que segar un rodal en la sementera para poder oficiar la ceremonia, y como veréis en las fotos, también estuvieron invitadas las vacas...¡Que se fueron arrimando al sonido de la música hasta justo la alambrada que veis de fondo! Si se hubiera celebrado de noche, hasta los venados, jabalíes y demás bichos montunos, se hubieran atalayado a mirar, curiosos, tan especial acontecimiento.


Muy emotivo fue para mí ver como mis otros sobrinillos y amiguitos de Ana, fueros desfilando para hacer las diferentes peticiones, y aunque todo fue muy especial,  el momento en que sonó el himno español, y al final, el ruso, fueron increíbles. La cara de Ana, y de su hermano Rafa,  resplandecían.



Caray, si es que hasta la comida se celebró en la explanada de Chalet, escenario de tantas y tantas meriendas monteras.
Y sin más os dejo unas fotos para que os hagáis a la idea.
Sirva esta entrada en mi blog como homenaje a Anita.
Lolo Mialdea


PD Para aquellos que la desconocen, os dejo al final la Salve de Foxá, que nos viene como anillo al dedo. Tomaos la molesta de copiar y pegar este enlace de You Tube, pues este que firma sabe escribir un poco... y se le da mejor el rifle que la informática y no se si funcionara clicando directamente sobre el.

https://www.youtube.com/watch?v=WcFQ83C69p0






domingo, 6 de mayo de 2018

El octavo día dijo Dios: "¡Os regalo Sierra Morena"!


                                          Los picos más altos de Sierra Morena




Queridos amigos:
En esta ocasión os quiero hablar de sentimientos. No de sentimentalismo o complicados sentimientos humanos, sino de aquellos que se sienten contemplando la magnificencia de nuestras sierras y te erizan el vello,  y como me van a faltar palabras por más que lo intentaré, voy a recurrir a pasaros una galería de fotos - las más hechas por mi salvo algunas de mi amigo Félix o de mis otros compañeros de caza - porque quiero intentar compartir con vosotros algunos sitios sin parangón
En un momento dado me pregunté: ¿Por qué vas a conformarte con lo visto esta semana? ¿Por qué no repasas los que para ti son los sitios más impresionantes de SIERRA MORENA?  De sobras sé que cada uno de nosotros tendrá su póker de ases, pero otra vez lo explicaré con aquello que añadí a mi primer libro en su título: "40 años narrado en PRIMERA PERSONA". Quede , pues, claro que son mis rincones preferidos de los que conozco, pues nuestra sierra, como dijo el clásico, es de increíbles pequeños rincones.
La pasada Semana Santa, y dado que mi casa necesitaba urgentemente pasar por la ITV y que Isabelita se marchaba unos días a Madrid, aproveché para llevar mis nuevos libros al norte de la provincia de Córdoba y sur de la de Ciudad Real.

Esa primera noche la pasé con mi gran amigo Julián Del Pozo, En Chillón, pero esa tarde ya vivimos una increíble aventura que merece un artículo en algo más importante que mi modesto blog. Esperad y veréis. Lo colgaré aquí cuando pase un tiempo prudencial tras salir a la venta en los quioscos. Eso por no contar con la visita a la fortaleza que alberga la ermita de la Virgen del Castillo, desde donde se dominan los valles de Los Pedroches y Alcudia, y el mar interior de los embalses extremeños

                                      Zarza Capilla desde la Sierra de Las Yuntas

La madrugada la pasamos haciendo como que recechábamos corzos en las sierras de Las Yuntas. Uno nos ladró pero de ahí no paso la cosa.
Aquel rincón de Sierra Morena, entre Guadalméz, Belalcázar, Cabeza de Buey, Zarza Capilla, Peñalsordo, Chillón y Almadén, es realmente impresionante, pero aun a así no llega al umbral que me he fijado a mi mismo de los sitios inmarcesible de nuestra Sierra.
Pero vamos a lo que pretende esta entrada, donde, como dije al principio, intentaré ser parco y justo en las palabras y dejaré que hable las imágenes.
Vamos a empezar por el extremo oeste de Sierra Morena, desde Aracena a allá donde se muere poquito a poco nuestra Sierra , como llorando, en los llanos de Portugal. Hablo de Huelva, esa maravilla que desde el punto de vista del montero no es tan conocida, pero donde he visto sitios de una belleza abrumadora.

                                              Los bolos de Las Peñas

Yo quisiera que vierais esas Riveras de Chanza y el Aserrador, las cumbres de Aracena y Sierra Pelada y , bueno, a mi me cautivan dos sitios concretos: El primero es una sierra que llaman, muy bien por cierto, Las Peñas. Se trata de un afloramiento granítico de bolos enormes,  pero grandes de verdad como no los he visto en parte alguna. Al margen de las fotos hechas por mí y por Félix Sánchez, coadministrador de ese blog, no he podido resistir la tentación de hacer una captura de pantalla de G-Maps vía Satélite. Mirad ese laberinto y metedle metros de altura a cada bolondro de esos. ¡¡Da miedo!!

Recuerdo una vez que monteábamos aquello y nos mandó otro gran amigo, Rafa Domínguez, arocheno de pura cepa, a la solana, para lo cual había que dar una vuelta enorme...y era tan intenso el frío que las umbrías que recorrimos, y la que fuimos a parar, parecían imágenes de la puñetera Taiga siberiana pero en terreno quebrado. Vamos, la 5ª glaciación. ¡Qué frío pasamos! ¿Recuerdas, Juande, el cochino que me quitaste de asesinar por el jodido celo de grabar el lance? El catrecillo me tiró y tu calladito mientras atravesaba un raso. ¡Pa matarte! ¿Veis? Ya se me está yendo la hoya y la pluma. Que hablen las fotos.

                                               Los Castañares de Aracena                    
                      
La otra zona de belleza insuperable de estos montes onubenses es la zona de castañar. Que no, amigos, que no estamos ante esas manchitas de estos árboles que se forman en torno a los arroyos umbríos. ¡Qué va! Son leguas y leguas de bosque viejo e inquietante, desnudo por abajo.  Sólo he visto cosa parecida, sino superior, en la zona entre Manilva y Ronda, en Málaga, allí donde llueve más que en Galicia, a la vera de Grazalema, pero ya me estoy saliendo de nuestra Sierra morena.
Desde ahí el salto es muy grande, nada menos que hasta la sierra de Hornachuelos, a la cuenca del río Bembézar. ¡Ni más ni menos que al Estrechón de los Azores!
En las quietas aguas del pantano de tal nombre, allá donde se juntarían antaño las aguas de tal río y el que se forma de la unión de Névalo y el Pajarón, con La Aljabara de Spínola a un lado y Las Mesas de Bembézar a otro, se descuelgan sendas cuchillas de piedras formando una auténtica garganta en lo más fragoso del monte.
He monteado allí muchas veces y no tengo ni una foto mía que os lo muestre, ni tampoco en internet he encontrado más que aproximaciones. Sólo os diré un par de cosas y habréis de fiaros de mi.

                                 El Estrechón de los Azores visto desde el satélite

Cuando se montea lo de Spínola, al llegar las rehalas que sueltan de Coímbre para abajo a la tal cuchilla, ¡se tienen que juntar todas y colar por un agujero, perro a perro y tío a tío! Es imperativo que el guía lo conozca. La última vez que estuve cerca me entró al paso el célebre Bernardino, perrero que fue de la rehala de Antonio Flores Guerra.
Terminaré diciendo que en cierta ocasión, solo en la barca mientras pescaba Black Bass, al llegar al descolgadero en plena tarde soleada de Semana Santa, aquello se oscureció de repente. La luz menguaba tanto que tuve que parar el motor. Entonces, junto a una cascadita que cae como de Los Retablos, me quedé tan absorto y superado por tanta belleza, que os juro que hice dos cosas que no suelo hacer en el campo: ¡Recé, lloré de puro recogimiento! ¿Qué más puedo decir?
Y continuando hacia el este llegamos a la cuenca del Guadiato, y en ella Las Mesas, en esa parte final del cauce donde se encanuta y desagua en el Pantano de La Breña. Yo espero que no se me vaya la pinza pues os voy a hablar un poquito del patio de mi casa, del rincón de mis amores. ¡Pero no es amor de hijo, que en esto coincidimos muchos monteros y que vosotros juzgareis por las fotos! De esa zona decía Alfonso Onceno que era buena de "puerco e oso en invierno e verano"

                                Aquí, en Pan Duro, se juntan los río Guadiato y Guadiatillo

Allí donde se juntan los ríos Guadiato y Guadiatillo, abrazando entre los dos al Cerro de Trigo en el paraje de la Casilla de Pan Duro, están varias de las manchas que más me gustan, mas fragosas, quebradas y mejor conservadas y  que mejor conozco. Más que las fincas citaré algunos nombres de manchas, muy pocas, para que os hagáis a la idea: Las Cebaderas, Valdemilanos, Quitapesares, Los Ídolos, La Umbría de la Negra - por lo oscura - o Valdeinfiernos.
A día de hoy, ese inmenso horcajo está cubierto por la aguas de antes mentado embalse, ahora recrecido e inmenso, y queda de postal, pero... ¡hay compañeros! Yo lo conocí cuando la cola solo llagada poco más arriba los álamos de La Negra y como pocas veces se llenaba , quedaba allí  una enorme y preciosa tabla. ¡Entonces sí que era una belleza aquello! Poder andurrear todo aquel bosque de galería formado en torno a lo más angosto del barranco, era sencillamente impresionante... pero todo se perdió en aras del progreso y de ciertas concesiones (¿subvenciones?) que mejor olvido. ...Y eso que es el extremo oriental de Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos. Lástima que sólo nos acordemos de Santa Bárbara cuando truena y que solo tenga un puñadito de fotos de entonces. Ni siquiera tengo una de La Vegueta del Gato, donde quiero que se arrojen mis cenizas cuando llegue mi hora.
El siguiente salto es muy grande y quizás injusto. Me dejaré por el camino barrancos como el del río Arenoso o el Yeguas, los arroyos de Valle o el Moral,  y las dehesas del Valle de Los Pedroches.  Mañuelas, La Umbría del Gato, Los Rasos, Las Morenas, Españares o El Socor son manchas increíbles...como es magnífica toda la zona del Santuario de la Virgen de La Cabeza, pero en algún lugar hay que poner la raya.
Y llegamos a la sierra de Fuencaliente, que aunque forme parte de otra de mis favoritas que luego tocaré, Sierra Madrona, la quiero distinguir porque en ningún otro sitio he visto los robledales - diría que relictos - viejos y altísimos, que allí existen. Si os digo que uno cree estar en la Selva Negra alemana en una batida de cochinos, ¿qué me diríais? Allí sobrevivieron hasta bien entrado el S. XX los machos monteses ahora recuperados, y aun campea el lobo en ese cujón que se forma entre Jaén, Córdoba y Ciudad Real. ¡Afortunado yo que tuve un enorme macho en la cruz de mi visor y sobre el que, faltaría más, no tiré!
Se dan alturas de más de 1300 metros contra las que chocan las borrascas atlánticas configurando un microclima inesperado tan al sur. Hasta 1300 L/m2 holgados se han mediado en algunas estaciones climáticas privadas. Lo mismo te nieva a lo bestia en invierno o pasas frío en agosto en sus umbrías, que te asas de calor en sus solanas, o allí donde muere, en el Valle de Alcudia.

                       Los increíbles robles melojos de las umbrías de Fuencaliente

Jobar... ¿Y esas pedrizas matadoras? Para mí, de raigambre y crianza cordobesa, donde no existen, fueron una sorpresa tan grande que una vez no sabía si bajar o subir o tirarme por un barranco. ¡Qué desesperación dentro de su belleza!
Y basta de palabras y me remito a las fotos que aquí os dejo.
En otra voltereta hacia el noroeste he descubierto en este último viaje otro rincón que me era desconocido en su extremo oriental, dando cara ya a La Mancha. Hablo de la Sierra de San Lorenzo. Ciertamente he monteado e incluso "guardado" algunas fincas en la zona de Mestanza. Pero esta parte que se queda entre San Lorenzo de Calatrava y Huertezuelas, me ha dejado boquiabierto... y nunca hubiera podido llegar a ciertos rincones de no ser por mis amigos Aníbal y Juan Antonio Martín.

     Huertezuelas visto desde los más de mil metros de la sierra. A partir de aquí La Mancha

Pero, ojo, no nos olvidemos de lo que hay por debajo de San Lorenzo. Me metí con el coche hasta casi Los Escoriales y me salí por Carvajal. ¡A destacar sin duda, ya veréis!
También con alturas importantes, por encima de los 1.100 metros, pero con clima más seco y frío, ha sido allí donde he visto otra maravilla botánica inesperada. ¡Qué manchones de quejigos, Virgen Santa! Pero no los quejigares como los que yo tengo tan vistos en Córdoba, con árboles altos, clareados y pimpolludos, ¡qué va! Los de las alturas que dan a Huertezuelas no superan los tres metros de altura y están tan juntos unos a otros que solo se pueden atravesar a gatas porque son tan viejos que ni me lo imagino. Con sus madroñas entremezcladas y otro monte de cabeza, a mí me han impresionado en invierno, desnudos. Ni me atrevo a conjeturar lo que tiene que ser aquello en verano con toda su hoja verde intenso.  De eso nada: ¡Tengo que mirarlo cara a cara! ¡Sentirlo! ¡Vivirlo!
Aunque lo veréis en fotos que no hacen demasiada justicia a la zona, lo que se domina desde esa cordillera, la Madrona y Despeñaperros al sur, y La Mancha mas autentica al norte, con sus aldeas abandonadas y sus castillos calatravos, impresiona.
Y ahora me dispongo a salirme camino de casa desde "mi altar serrano", que diría Jaime de Foxá. ¿Por dónde lo hago? Pues por lo más recóndito.  Entraré por la Garganta del Montoro a Sierra Madrona, y me saldré por Andújar para enfilar, ya de retirada y como dejándome algo atrás, camino de mi vieja Córdoba montera...y , ¡vive Dios! Otro sorpresón en tierra que no había ollado: Lo más hondo de Sierra Madrona, desde El Hoyo a lo dulce de de la sierra, pasando por lo mas bestia - no se me ocurre otro calificativo - de estas manchas que atraviesa el río Robledillo, con los picos de La Bañuela, Dormideros y Abulagoso por testigos.
                            El río Robledillo con las cumbres de Madrona por testigos

A mí Sierra Madrona se me antoja un perdedero: 40000 H. con apenas unas cortijadas y un par de pueblecitos como Solanilla del Tamaral o Solana del Pino en su interior. Sólo conozco otro sitio semejante y en ambos casos los invito a mirar un mapa. Me refiero a todo lo que hay por debajo de la aldea de Posadilla y comprobarán la de kilómetros de sierra que hay sin un puñetero pueblo hasta llegar a Hornachuelos. Algo así pasa en Sierra Madrona. Desde el Hoyo de Mestanza a Andújar solo hay sierra, sierra y más sierra. 62 km de carretera en el caso Manchego-Jiennense y 72 en el cordobés... por carretera. Así se perdían Bandoleros y Maquis y no había quien diera con ellos.
Y aquí os dejos con las fotos y ya me contaréis. Personalmente creo que si tuviera el don de la ubicuidad y pudiera estar en todos estos lugares a la vez...¡Moriría de placer!
Lolo Mialdea
Córdoba, 1 de mayo de 2018