viernes, 21 de septiembre de 2012

ARTES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN: EMPATILLAR LOS CONEJOS




Amigos de mi blog:
Es mi intención –poco a poco y cuando venga a cuento– ir dejando constancia para que no desaparezcan en la noche de los tiempos, muchas artes que antes eran absolutamente comunes en nuestras cacerías o labores de campo y que ahora, entre que ya no son necesarias o que están prohibidas por la ley, se encuentran condenadas al olvido, pero eso no significa que no existieran y que no formen parte de nuestro acervo cultural. No digo que se utilicen, ojo, digo cómo eran y que existieron. Vamos, que “entre todos la mataron y ella sola se murió”.

Septiembre de este año en un día de manchoneo en Campillos Altos. No se dio nada mal pues eramos pocos y bien avenidos. Observad los perretes conejeros que aparecen en segundo plano

          Entre ellas podemos contar con la inmensa variedad de trampas para toda clase de animales; desde el más grande de los cochinos, al pequeño pichirubio o zorzal, pasando por todo tipo de las antes denominadas “alimañas” con lazos, perchas, losetas o costillas, y capturables hoy solamente mediante trampas antiestress perfectamente homologadas. Del mismo modo se pierde irremisiblemente el uso del trabuco en nuestras monterías de Sierra Morena, o el modo de transportar las reses a lomo de caballerías correctamente amarradas. La lista no tendría fin.

         Hoy quiero, recién terminada la media veda y el desconeje, sacar a colación el modo tradicional de preparar los conejos para su cómoda evisceración y transporte, y es que, jóvenes amigos, no siempre se disponía de zurrón (o se prefería cazar sin él, se llenaba, etc.), y mucho menos de los comodísimos chalecos con mil adminículos que hoy usamos casi todos. Era, como digo, muy frecuente salir a recechar o manchonear conejos con canana, escopeta y… vaya usted con Dios. En estos casos se hacia imprescindible saber empatillar –o engarronar, apiolar o aparejar, como se dice también aquí y en otras regiones y lo avala el diccionario RAE– para poder llevar los lagomorfos de modo seguro, uno a uno o por parejas, ensartados en el cinturón o la canana, quedando a una altura conveniente del suelo. Eso de utilizar las anillas portapájaros (que también se pueden apiolar utilizando dos plumas remeras atadas) eran ganas de ir tropezando o perderlos en el campo por romperse el cuero del aparejo o el cuello del animal enganchado en cualquier apretón de monte.

     El podenquete, actuando de 'quitaor', le entrega el conejo al batidor. ¡Cómo disfruté ese día!

El proceso es tan fácil de ejecutar -no más de medio minuto si se está acostumbrado- como difícil de describir con palabras. Recurriré a una serie de instantáneas que he recopilado este verano para, ayudadas con comentarios a pie de foto, intentar hacerme entender. En cualquier caso, os lo aseguro, es tan intuitivo que le saldría casi por lógica a cualquiera de vosotros. Probad y lo comprobareis.

En fin, ya sabéis como funciona esto. Clicad sobre AQUÍ para acceder al reportaje fotográfico.

Recibid un fuerte abrazo y besos para las señoras.

3 comentarios:

  1. En mi zona lo llamamos engarronar, y muchos seguimos haciéndolo. A mi me enseño mi padre cuando era un crio y me encanta hacerlo, aunque, tengo que reconocer que lo dejo para los últimos días de conejos, ya que los primeros días hay bastantes y no quiero perder un segundo después de cada lance...

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  2. Llevas toda la razón, Rafa: Primero en que los terminos que admite la RAE son los de engarronar y apiolar (como advierto en la entradilla), pero, ¿Que quieres que te diga?, yo siempre lo he conocido por empatillar.
    Lo mismo te digo con el cuando: Personalmente lo hago porque me gusta y aprovecho las pausas para descansar o lo hago al terminar. Pero...¿A que no es lo mismo que te regalen un par de conejos perfectamente emparejados que "de cualquier manera"?

    Un abrazo. Lolo

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  3. Miguel Ángel Búa (Hijo)22 de septiembre de 2012, 12:19

    Interesante artículo, Lolo. Es importante que no se abandonen al ostracismo estas técnicas ancestrales que de otra manera se perderían... Como tantas tradiciones!!!. Gracias por compartirlo. Un abrazo.

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