lunes, 11 de noviembre de 2013

¡CAMINA O REVIENTA! Los Baldíos: Montear en su sitio por amor propio

Amigos de mi Blog:

Hoy voy a hacer una entrada que no se como va a quedar, de esas a vuela pluma, pero consciente de que las fotografías dirán mucho más que yo. Perdonadme si meto la pata. Vaya por delante que expreso aquí, tal como suelo, mi punto de vista, y que no me encomiendo a datos que desconozco y que suelen dar idea de lo que ha sido la montería en su conjunto: Número de puestos, superficie a montear, que era mucha y muy quebrada, y demás detalles. Solo me quedé con la copla, la más importante para mi, de que se montearía con 35 rehalas ¡Valla tela!

                         El principio de la sierra de Los Baldíos, aun cerca de Guadalmez.

Nos habíamos reunido el viernes en Chillón (Ciudad Real), tres grandes amigos de los que no perdemos salto para juntarnos a montear, esta vez en Los Baldíos de Peñalobar, mancha de Entresierras, situada en Badajoz pero a tiro de rifle de La Mancha y Córdoba. Yo conocía la mancha desde lejos, ya que en la temporada 82-83, nos constituimos en Peña - a la que bautizamos "Cazalejos" - y tuvimos en arriendo varios amigos andaluces algunas fincas de la zona, entre otras, Las Pimientas, desde la que se contemplaban los enormes farallones de piedra y monte que quedaban al norte. Desde luego daba miedo pensar en subir a sus enmarañadas cuerdas a pesar de tener la edad en los dientes. Pero ¡¿quien me iba a decir que con 30 años más en la cuadernas me tocaría subir a uno de aquellos nidos de águila con las rodillos hechas bicarbonato, bastantes kilos en la cintura, y una baja forma alarmante.


                         Julián y Eladio, mis compañeros de fatigas. Con ellos voy al fin del mundo

Las noticias que nos llegaban de como estaba el monte hablaban de un atestón de cochinos y un ramillete de venados.

La junta se celebró en Guadalmez y se sorteó por el sistema de "Armadas", para mi incomprensible si no se piensa sacar una alguna muy de madrugada y no a las 10 cumplidas. Pero en fin, cada maestrillo tiene su librillo y me consta que Fernando y los suyos saben tela marinera

                  Plano de la mancha  y situación de nuestro paso, el Nº 5 de ENTRESIERRAS


Yo llevaba comiéndome el coco desde que cogí la cama la noche anterior, y así se lo anuncié a mis compañeros Julián y Eladio (con el que compartía postura) de que dado el cariz eminentemente cochinero de la batida, había decidido no escudarme en mi estropeada máquina de subir cuestas e ir a donde nos deparara la diosa Diana. La cosa me salió bien, pero... a toro pasado, le hubiera perdonado la vida a mi cochina y allí mismo me hubiera rajado. ¡Madre del Amor Hermoso, la que nos esperaba!

                                                   Se pierden las cordilleras en sentido Este-Oeste

En el sorteo anunció Fernando que si alguien se sentía incapaz de subir a "unos poquillos puestos que tenían que andar", que lo dijera y volvería a sortear. Me miró Eladio pero me encogí de hombros: La decisión estaba tomada. El sorteo comenzaba y, aunque dada mi suerte suelo sacar la bolilla, esta vez me escudé en salir a echar un pitillo y al ir a regresar me encontré a un hermano Eladio exultante. Me enseñó la tarjeta donde ponía "Traviesa de Entresierra. Puesto nº 5. Postor: Jose (El de los Islillos, me soplan)" ¡¡Toma ya, que si no quieres arroz, kilo y medio!!


                                      Una de las espectaculares vistas delde el puesto



Cuando di con nuestro postor, Jose como dije, un chaval joven y educado al que acompañaba su guapa novia, me informó de que la cosa era dura de verdad pero que solo eran 5 puestos. ¡Comociendo el percal a mi se me aflojaron las piernas!...y eso que no me imaginaba que no se iba a tratar de subir, si no de ESCALAR en muchos tramos.




                    Una de las cuerdas que teníamos frontera. Lo que queda en la rehoya es Entresierras


Dejamos los coches en un collado donde se situaría el nº 0, uno de los que no querían o no podían andar, y cuando pregunté que en que sentido se ponía la traviesa y me señalaron un picacho allí donde se juntaba el cielo con la nubes, me eché a temblar, pero, repito, la suerte estaba echada y a donde fuera subiría Lolo aunque me dejara los pulmones, mis machacadas rodillas, y si preciso fuera, el alma. ¡Que poquito faltó para que todo se hiciera cruel realidad!

                               Eladio en su portillo. 50 m nos separaban y no fui capaz de subirlos

Empezamos a subir y aquello no tenía llano ni la cocina. Se trataba de serpentear por una antigua vereda casi perdida y con más piedras que allí donde se pelearon dos curas a sotanazos por por falta de cosas que tirarse a la cabeza, piadosos ellos.

A la altura del nº 1 ya estaba medio derrotado, pero el compañero del 2, cual ángel salvador, me cogió el rifle y me animó. A gatas muchas veces continué el calvario.


     Si os fijais bien, en el cento de la imagen tomada al máximo de zoom, se ve un perrero con su rehala
 

Llegados a su paso, cuando le pedí mi rifle, que pensaba utilizar como bastón si fuere preciso, me encontré con la sorpresa de que Nazaret, novia de Jose, creo que así se llamaba, se había hecho cargo del cacharro. ¿Creen ustedes que sentí vergüenza? ¡Que va! Creo que mi cara descompuesta y llena de agradecimiento bastó. ¿Puede usted seguir?, me preguntó: ¡Dadme un minuto y y os alcanzo!, fue mi respuesta entrecortada dada con un hilo de voz. Aquí las cosas ya eran cuestión de amor propio.

Pero amigos, para llegar al 4, dado que era imposible seguir el puntal arriba, Martín nos desvió a la izquierda rodeando un enorme peñón - a mi en aquellos momentos, todas las peñas se antojaban molinos de viento imposibles de derrotar - pero, claro está, para volver a retomar la cuerda había que subir casi a plomo unos 15 metros. Allí resbalé y me agarré a una esparraguera para no escurrirme. Tenía la cara sudorosa, y al apoyarla en tierra sentí, pegada a la piel, las pétreas entrañas de aquella dura sierra. Confieso que en ese instante estuve a punto de arrojar la cuchara.


  Mi amigo y perrero Javi Rivera. Lo que ese angelito pasó echando la solana, es para no contarlo

Los demás, ya en el nº 4 se reunieron el cónclave, y, a lo que se ve, pensaron que no llegaba al 5 ni en volandas. Supe, que con la anuencia de Eladio y mis compañeros de paso anterior, el postor decidió que me dejaría en un portillo entre ambos, ya que no ofrecía peligro. ¡Bendito seas, Jose! Lo más curioso es que, como se verá, resultó providencial.

El último tirón resultó definitivo. Al llegar al peñoncillo en cuestión y verlos mirándome, exclamé: ¡De aquí no paso! ¿No puedes ni con los 50 metros que quedan? ¡Que no, que estoy acabado! fue toda mi respuesta. Nazaret, muy amable, a la vez que dejaba el rifle en el suelo, me preguntó, creo que asustada: ¿Esta usted bien? Si, gracias. Ahora bebo un poco y en unos minutos habré recuperado, fue mi respuesta. Luego me contó Eladio que mi cara era todo un poema y, que en efecto, daba miedo.

Realmente el hecho de haber cobrado una hermosa cochina tirada en jurisdicción (no más de 4 metros) me produjo otro subidón, este de adrenalina, pues la sentí llegar de lejos, se la señalé a Eladio que ya estaba en guardia, y cuando el charabasqueo se hizo patente a pocos metros y se movió un brezo a unos 7 metros dando paso al cabezón de la cochina, creo que me dije: Lolo, tu no has subido hasta aquí para darle pasaporte a ese magnifico animal con un tiro sartenero, no. ¡Te voy a dejar llagar a los pies y solo entonces picaré el tiro! Así fue y las voces de mi querido amigo Eladio me sacaron del éxtasis en que me encontraba:
   - ¡¡Pijo, un poco más y te pisa!! 

   Engaña el tamaño en la foto, ahora, bien adornadita y con respeto. Una bala de 220 grs del 30-06 acabó con su vida

La bajada tubo su historia de culetazos y arañazos, pero esa es otra historia. ¡Dos platos de habichuelas tomados en compaña de mis dos amigos, fueron la medicina que necesitaba. Al final: ¡Que viva la Virgen de La Cabeza y que este carrusel no se acabe nunca!
              El reposo del guerrero. Con una cervecita y a la espera de las habichuelas
         

            Un abrazo para todos y besos para las señoras.

          Lolo Mialdea. En Córdoba a 11 de noviembre de 2013
          lolomialdea@gmail.com



         






2 comentarios:

  1. Lolo, como siempre...fenomenal. Casi rompo a sudar yo subiendo la cuesta, que daban ganas de empujarte y acharte un cable. Logras siempre que nos metamos en tus relatos.
    Un abrazo fuerte de tu amigo Iñaki

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  2. Bonita crónica Lolo y buen rato el que pasamos... Totalmente de acuerdo con Iñaki, un poco mas y me haces sudar, y eso que me tocó en el sopié!!!
    Un abrazo

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