Manuel Mialdea Lozano
Bienvenido a mi Blog. Un pequeño espacio donde compartir nuestra común afición a la caza y al campo. Gracias por visitarme

miércoles, 20 de junio de 2018

Andanzas de un furtivo





Hola amigos de mi blog:

El pasado domingo 17, en el seno de la jornada de hermandad de Jóvenes Monteros de Puertollano, presentamos un libro que estoy seguro de que va a gustar muchísimo por las extraordinarias experiencias de "el Pelao", Martín Moreno Muñoz, que ahora ya se puede decir.

¿Que voy a decir yo de un libro que me ha cabido el honor de prologar? Sencillamente que no lo hubiera hecho de no pensar que es bueno, muy bueno.
Mirad: Para describiros lo que os traeréis entre manos, voy a hacer dos cosas, la segunda con el permiso del autor, lógicamente:
En primer lugar copiaros mi modesto prólogo, y la segunda elegir un capitulo corto y ni mucho menos el mejor y de la que podríamos denominar "su primera época", y dejar que vosotros juzguéis. Os advierto que lo gordo viene después, y que es ¡Muy gordo!

Pero antes de pasar a ello, y aun antes de que se distribuya adecuadamente el libro, os dejo el teléfono y e-mail de Martín para que podáis hacer pedidos, dedicados y enviados por correo certificado. Su precio es simbólico: 10€

Teléfono: 699084888
email: cinegeticatanovia@hotmail.com



                                                         Prólogo

Amigo lector, cazador de reses y compañero montero:

Ya nos decía por ahí D. Antonio Covarsí en uno de sus libros – ni buscaré cual ni pretendo ser literal en sus palabras – que no buscáramos en sus relatos arroyos cristalinos ni pajarillos multicolores y cantarines. Que esperáramos, en cambio, la verdad desnuda, la vivencia real, la interpretación personal, la percepción del cazador puro y duro, que no es poco todo ello. Para él los perros no cantan, siguen la ladra o dan de parado.

Pues bien, El Pelao escribe como vive, se diría que a latigazos, a ráfagas de viento, como se rececha un venao o se espera el salto del marrano desbarrado al cortadero.

Ni por asomo pretendáis leer un relato pulcro, lexicológicamente perfecto, semánticamente acertado, sin reiteraciones ni errores de estilo, ni siquiera con una ortografía a toda prueba. No. Buscad y encontrareis lo que os cuenta un furtivo tal y como lo haría al volver de una correría o al amor de la candela.

A mí, que me ha cabido el honor de “descubrir” su texto original, y el trabajo de hacerlo simplemente comprensible al cazador medio.Ni se me pasó por el magín intentar cambiar su estilo. ¡Qué va! Hacerlo hubiera sido bastardear los relatos. Perdonadme, pues, si encontráis cosas un poco fuera de lugar. Lo he hecho adrede.

No voy a contar ni cómo ni cuándo conocí al Pelao. Tampoco como he ido profundizando en su amistad y aprecio ni ninguna otra zarandaja al uso en los prólogos normales. Mucho menos entraré en juicios de valor – ¡qué tontería si he sido pecador antes que fraile y he tenido el valor de dejarlo por escrito en libros y artículos! – porque ni soy juez ni verdugo. Solo soy un enamorado del arte de la caza, y como tal he leído a nuestro protagonista. Solo os diré en este modesto prólogo, que vais a leer las palabras de un auténtico cazador de reses, de un maestro en el monte, de un tío bragado y algo loco a veces.En una palabra y aunque no me guste el término: De un monstruo en lo suyo.

Gracias Pelao, por haberme dejado “desflorar” tu vida asilvestrada e intentar darle  sentido comprensible a tu léxico serrano, ora cortante como una navaja, ora inconexo como aire que revoca en el paso. Y perdonadme vosotros, lectores, si no he estado a la altura de una labor que me ha resultado ardua cual cobro complicado y largo. Ni soy corrector ni pretendo serlo, y, por otra parte, me reitero al afirmar que prologar es el palo más difícil de la literatura cinegética. ¡Qué osadía meterse en la mente ajena! Cada cual tiene su estilo propio, su impronta, y el mío ya lo he dejado por ahí escrito.

Señores, va a comenzar el monteo, y esta es la cacería y el libro del Pelao, ni más ni menos… y se acabó lo que se daba.

Dado en Córdoba el día del Señor 15 de agosto de 2017,  Asunción de la Virgen María. Que ella, Santa señora de La Cabeza, nos guarde en nuestras andanzas serreñas.

Lolo Mialdea Lozano



Capitulo 4

EL CAZADOR ATRAPADO

Ya Poli, con su permiso de armas y unos ahorros que teníamos los dos, decidimos dar el paso de dejar tranquila a esa vieja arma que utilizábamos y comprarnos un rifle. Dicho y hecho. Un viernes nos llamaron del cuartel de la Guardia Civil para informarnos de que nuestro nuevo fusil había llegado. Antes de terminar la conversación ya estábamos nosotros allí para recoger la tan ansiada arma. Un rifle normalito, del calibre 30.06, al cual, en el futuro, sacaríamos un buen rendimiento.

Según lo recogimos nos fuimos derechos a probarlo. Estaba perfectamente puesto a tiro, y por lo tanto no teníamos tiempo que perder. Esa misma tarde había que probarlo.
Nada más comer estábamos camino de un gran barranco que hay en la finca donde habíamos visto un buen venao. Era una zona muy querenciosa y teníamos un largo testero de pinos para poder tirar, y además no se hacía prácticamente ruido pues andábamos por una vieja verea en el pecho opuesto.

Cuando llevábamos 10 minutos de subida, Poli portaba el arma y, entre unos pinos, vimos el venao que andábamos buscando y estaría a unos 120 metros. ¡Qué oportunidad tan idónea para probar nuestro nuevo rifle!, porque con el que cazábamos antes hubiera sido imposible tirarle desde esa posición.

Poli mejoró un poco la posición a lo alto de unas piedras que nos taparían del animal. Solo se le veía el cuello y la cabeza y, por lo tanto, le apuntó a la tabla del pescuezo y disparó. Dejamos de verlo al acusar el impacto, pero sabíamos que le había dado.

Le propuse que me diera el cuchillo para rematarlo, mientras él se quedaba en las piedras por si acaso el animal se levantaba y emprendía la huida.

Yo rondaría los 11 años y no era tampoco muy corpulento. Era más alto que grueso, y allí estaba con mi machete para quitar de penar a ese extraordinario venao que habíamos tirado. La verdad es que tardé un buen rato en llegar porque el terreno era muy abrupto y tenía mucho monte. Pasados 15 minutos llegué al sitio donde habíamos tirado el animal, y efectivamente le había dado pues había un gran charco de sangre y muchas jaras rotas, pero ni rastro del animal. En ese terreno se anda muy mal porque cuando sembraron los pinos hicieron como bancales para hacer las líneas de pinos y el monte se los había comido. Además el desnivel del terreno era considerable.

Siguiendo los rastros de la sangre que iba dando el animal y las matas rotas, por fin llegué a él. Estaba vivo. Le había pegado en el cuello sin tocarle hueso y se encontraba muy entero. Podía tardar en morirse bastante rato por lo que decidí entrarle a cuchillo.

De cuerna era grande, pero de cuerpo parecía una vaca. ¡Era inmenso!

Dándole la vuelta me coloqué en la línea inferior a su posición, y entrándole por detrás buscaba el sitio donde pincharle. Por la densidad de monte y pino que había desde mi posición, no veía a Poli ni el a mí.

Con el cuchillo preparado me acerqué a él desde mi posición. Cuál fue mi sorpresa que al clavarle el acero hasta dentro, el animal, aún muy fuerte, se intentó levantar, pero esa cuchillada había sido mortal. El problema fue que al incorporarse se cayó sobre mí, quedando yo con las piernas por encima y el cuerpo hacia abajo, sobre la terraza inferior.
Ahora si sabía lo que pesaba ese bicharraco. Ahí estaba yo con ese pedazo de pavo en lo alto sin poder moverme. Como prácticamente tenía todo el venao en lo alto, y encima la posición en la que había quedado no era la mejor para hacer fuerza, me era imposible de moverlo.

Además de estar bregando con el animal, en la posición en que me encontraba, no podía ver a mi compañero ni darle voces para que viniera a por mí.

Allí me veía tirado en el suelo con un bicho en lo alto. Se me pasaba de todo por la cabeza. Llegué a pensar que como Poli no me encontrara… allí me comían los jabalíes.
Pasada media hora, que para mí fue interminable, Poli supuso que pasaba algo y decidió adentrarse en mi búsqueda. Yo me encontraba bien. Lo único era que no podía moverme ni pedir auxilio.

Pasado un ratito oí el monte cerca y una bocanada de esperanza me llegó. Poli había arribado al lugar del tiro y enseguida llegaría a mí. Era mi salvación. Cuando vi entre las jaras sus pies,  se me ocurrió la brillante idea de hacerme el muerto.

Poli, cuando vio la estampa de ese gran venao en lo alto de su amigo, y que este estaba inconsciente, se asustó muchísimo tirando el rifle al suelo y gritando:
-¡Lo ha matado!
Con las mismas se abalanzó sobre el venao para quitármelo de lo alto y yo le lancé un grito de fantasma
-Auuuuuhhhhh.

No sé qué hubiera sido peor, sí que me matara el venao o ver a Poli como se puso. Un poco más y quien me mata es el a mí por gastarle semejante broma. Creo que cuando vio lo que había pasado se asustó tanto que al ver que, dentro de la gravedad del asunto, yo estaba para bromas, me hubiera dejado allí debajo de aquel animal.



























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